pablo dice que nunca hay que irse sin despedirse. y es cierto, más allá de la cortesía, claro. te das vuelta y sabés que ese "mañana te escribo" o "después hablamos" nunca va a llegar. entonces es mejor decir las cosas en el momento y correr el riesgo de que realmente ese después nunca llegue.
oh, sí.
amé y amén. tal vez demasiado. a más no poder. hasta secarme de lágrimas y brotar de sonrisas. también quise, pero ese es otro libro. miles de veces pensé que el corazón se me haría pedacitos. y creí sentirlo. pero no. querer de verdad implica también poder ser feliz con la felicidad del otro y me va bien con eso, de veras. hay sonrisas y miradas que aunque no las vea me hacen feliz. me tiembla todo el cuerpo. y estoy mezclando las cosas, pero no importa. nervios+frío. frío de sábado por la noche y nervios de disculpas que no sentí necesarias, o sí, pero no oportunas. y también todas esas palabras que nunca entendí. por eso ahora necesito nuevas canciones, preguntas, miradas.
fuck off.
voy hacia una vida austera, minimalista, despojada de todo color que me incomode. significa que no necesito de una voz grave, ni de un café en un bar súper-wachi-wow, ni una salida al lugar más anti-top para sentirme un tanto equilibrada. de hecho, eso tampoco es posible.
lo cierto es que... no soy tan peligrosa como parece. un poco débil nomás.
13.8.06
21.7.06
no es enojo exactamente. una fusión extraña entre felicidad, bronca y un sentimiento de soledad absurdo. será esto? son ganas de gritar y tanta libertad para hacerlo que se me cierran los ojos. como cuando intento diferenciar una e de una i entre tantos puntos. una bandeja de ideas superfluas de la cual hay que elegir al menos dos o tres para no caer en un exceso. ecos.
21.5.06
Mi primer día de prácticas.
-¡Chicas, miren! ¡¡Es Rosa!!
-¡La maravillosa! (Luna, Marcela y Estefi pispireteaban en la entrada.)
-Mirá, se, me corté el pelo. (Me contaba Juampi, mi morocho favorito '05)
-¡Hola seño!
¿Cómo estás, Juanma?
-Bien, en segundo... (Con cara de "las cuentas de dividir son re difíciles") Chau, me voy a jugar.
Ese fue mi reencuentro en la escuela 17 con algunos de los "bichitos canasto", más altos todos y ya en segundo grado. Al comienzo tuvimos una larga charla con María del Carmen, nos comentó cómo sería este nuevo año en el aula, hablamos de registros y planificaciones, hasta que llegó el momento de pasar a la acción y elegir el curso. Y claro, no podía ser de otra forma: Rok a primero. Wiiiiiiiii otra vez. Veitinueve historias y nombres que aprender, dos caras ya conocidas.
-¡Rosa! ¡Vení, sentate acá porfiii! -Gritaba Rocío desde el fondo del salón.
Enseguida pedí prestados algunos cuadernos para ver en qué estuvieron trabajando. Informada, comencé a recorrer el aula, cuidando de no tropezar con ninguna mochila. Vi volar algunos cuadernos y cartucheras. El primer nombre que aprendí fue "Brandon", imaginarán por qué. "Priscila y Merlina son nombres de princesa", pensé. "Juan Cruz debe ser re inquieto" (bruja!). Gustavo R., Thiago y Anita son los más pegotes y Luciano el más chico. Gustavo M me recuerda a Dano cuando era pequeñito, aunque en realidad lo haya conocido 18 años después.
"¿Van a venir todos los días?" Ojalá pudiera. Igual dos veces a la semana no es poca cosa. ¡Un presupuesto en aspirinas! Vero no tiene tanta paciencia. Yo, un poco más. Es lógico que me gusta que se porten bien, pero no busco un silencio de misa ni que todos estén derechitos, quietos y mirando el pizarrón. Son pequeñitos aún, y no es grato retarlos tanto. Nada que ver con el grupo del año pasado, pero me alienta saber que aprenderé otras cosas.
La semana siguiente estábamos en la hora de reflexión, junto a mis compañeras y la profesora, comentando lo que habíamos visto hasta el momento, cuando se abre la puerta y una auxiliar dice "Irene pide que Rosa vaya a ayudarla". Pensé que necesitaría que recorte algunas fotocopias o algo de eso. No terminé de abrir la puerta y escucho: "Rosa, en el pizarrón están las actividades. Pasá por los bancos y fijate que las copien después de la fecha. Yo voy a estar el sala de maestros hasta que los médicos terminen de revisar a estos dos nenes. Si querés después corregiles el cuaderno. Ya vuelvo". Ops... Una hora a cargo de los niñitos. Mientras cuestionaba "cómo podemos hacer para saber cuántos caramelos hay en 6 bolsitas como ésta" banco por banco, detrás mío volaban todo tipo de cosas. Siempre son dos o tres los alborotados pero, quieran o no, desbaratan todo el curso. Así que me puse en bruja y les advertí que si no trabajaban en orden, algunos nenes se íban a quedar en el recreo conmigo y no justamente para jugar con los bloques o los dakis. Pero a Lautaro no le importó y siguió repartiendo sopapos a cuanto nene se le cruzara. Y no alcanzó con ser amable y pedirle por favor que dejara de pegar. Ni tampoco con separarlo del grupo y pedirle que trabajara en el escritorio de Irene. Después de muchos intentos fallidos opté por preguntarle por qué les pegaba a todos: "porque son todos malos", respondió con cierta angustia. ! una mente brillante sin dudas. En ningún libro dice cómo resolver eso, pero mágicamente llegó Vero para salvarme. Entre dos es más fácil; mientras ella ponía orden (intentaba, bah) yo seguía prestando dedos para contar caramelos. Y así hasta que volvió Irene; "¿cómo se portaron?", cuestionó como si la respuesta no fuera obvia. Terminé la jornada leyendo un cuento de Ema Wolf, Nicoleta, muy simpático por cierto. Los mantuvo tranquilos... 5 minutos. "¡Otra vez, otra vez!" y mi voz no daba para mucho más. De todas formas faltaba poco para las 5. La consigna era escuchar el cuento y luego dibujar en el cuaderno; si alguien se animaba podía escribir algo. Por ahí lei "Nicoleta usa antiojos. Y este cuento se acabó". Impecable realmente.
La tercer semana fue más sencilla. Quizá porque al recordar al menos 15 nombres el trato es más ameno, directo y efectivo (afectivo también). Éramos poquitos igual. La lluvia y el frío acobardó a unos cuantos. En la primer hora jugamos a los dados, con la intención de saber mas claramente cómo resuelve cada uno cálculos sencillos. Interesante, pero Merlina no quería saber nada con sumar puntitos; Luana y Celeste le soplaban los resultados mientras yo escribía los puntajes. Más tarde tuvieron que ir a ensayar por el acto del 25 (cosa improductiva si las hay). Versitos como "Vamos al cabildo porque es ocasión de decir felices surge una nación", letras alusivas con ritmo de hip hop y demases. Después la doctora de la salita vino a vacunar a algunos nenes. Era un caos, aunque nadie lloró en el momento. "¡Un aplauso bien fuerte para los valientes que se vacunaron hoy!" pidió la seño antes de salir al recreo, pero los brazos doloridos no podían hacer mucho al respecto. En el patio jugamos a saltar la soga, debíamos despistar el frío. Descubrí que si bien soy la más chica entre mis compañeras, estoy un poco vieja para estas cosas. Ni hablar de jugar al elástico! no recuerdo ninguno de los tantos pasos.
De regreso en el aula Agustina me mostró una ventanita nueva, y dijo que el ratón Pérez le había traído un montón de moneditas de diez centavos y una de un peso. Y yo me acordé que la última vez que el ratoncito vino a casa, dejó también un peso, pero en billete.
"Rosa, ¿me ayudás?", gritaba Anita mientras yo pegoteaba notitas en el cuaderno de comunicados. Tenían actividades para hacer y Vero e Irene estaban ocupadas escribiendo y ensayando los versos para el acto. Entonces, con las manos un tanto pegajosas empezamos a palmear: "za-pa-to, ¿suena como pa-to o como ta-za?". Es más tengofiakis, que noentiendo o nomesale, pero no puedo resistirme. Mucho menos cuando al terminar de silabear todas las palabritas me abrazó fuerte fuerte y me dijo "Ay, Rosi, ¡te quiero un montón!", y ahí el corazón se me estrujó todo todito y ya no podía respirar casi. Por la otra punta del salón, Franco ya había recortado por los bordes, pegado, unido con flechas, escrito todas las palabras y estaba terminando de dibujar un vendedor de velas (para qué? ju nous...).
Tocó el timbre, salimos a formar. El aula quedó llena de papeles. Algunas camperas quedaron olvidadas en el perchero. Traje en mi pañuelo blanco las lágrimas de Celeste; al terminar el día sus ojitos super azules no aguntaron más y se inundaron por el dolor que le provocaban las fakin vacunas. Casi lloro con ella. Thiago me alcanzó mi abrigo y mi cartera. Nos despedimos. En el camino a casa Vero me dijo "podríamos venir cada quince días, mejor... ¿no te parece?". Casi peleo con mi compañera de casi tres años. Nadie dijo que era fácil. Y sí, será agotador y cuatro horas parecen cuatro días, y se extraña el silencio. Pero es lo único que justifica todo el trabajo cada vez más pesado que implica seguir estudiando; y la gratificación que da sentir que todo ese esfuerzo por aprender a enseñar vale la pena es inexplicable. Así que... más allá del cansancio, y la falta de apoyo seguiré con los bichitos silabeadores hasta donde pueda y me dejen, o de última, hasta considere que es mejor volver a trabajar con Dorotea (aunque no lo creo, nono). He dicho.
-¡Chicas, miren! ¡¡Es Rosa!!
-¡La maravillosa! (Luna, Marcela y Estefi pispireteaban en la entrada.)
-Mirá, se, me corté el pelo. (Me contaba Juampi, mi morocho favorito '05)
-¡Hola seño!
¿Cómo estás, Juanma?
-Bien, en segundo... (Con cara de "las cuentas de dividir son re difíciles") Chau, me voy a jugar.
Ese fue mi reencuentro en la escuela 17 con algunos de los "bichitos canasto", más altos todos y ya en segundo grado. Al comienzo tuvimos una larga charla con María del Carmen, nos comentó cómo sería este nuevo año en el aula, hablamos de registros y planificaciones, hasta que llegó el momento de pasar a la acción y elegir el curso. Y claro, no podía ser de otra forma: Rok a primero. Wiiiiiiiii otra vez. Veitinueve historias y nombres que aprender, dos caras ya conocidas.
-¡Rosa! ¡Vení, sentate acá porfiii! -Gritaba Rocío desde el fondo del salón.
Enseguida pedí prestados algunos cuadernos para ver en qué estuvieron trabajando. Informada, comencé a recorrer el aula, cuidando de no tropezar con ninguna mochila. Vi volar algunos cuadernos y cartucheras. El primer nombre que aprendí fue "Brandon", imaginarán por qué. "Priscila y Merlina son nombres de princesa", pensé. "Juan Cruz debe ser re inquieto" (bruja!). Gustavo R., Thiago y Anita son los más pegotes y Luciano el más chico. Gustavo M me recuerda a Dano cuando era pequeñito, aunque en realidad lo haya conocido 18 años después.
"¿Van a venir todos los días?" Ojalá pudiera. Igual dos veces a la semana no es poca cosa. ¡Un presupuesto en aspirinas! Vero no tiene tanta paciencia. Yo, un poco más. Es lógico que me gusta que se porten bien, pero no busco un silencio de misa ni que todos estén derechitos, quietos y mirando el pizarrón. Son pequeñitos aún, y no es grato retarlos tanto. Nada que ver con el grupo del año pasado, pero me alienta saber que aprenderé otras cosas.
La semana siguiente estábamos en la hora de reflexión, junto a mis compañeras y la profesora, comentando lo que habíamos visto hasta el momento, cuando se abre la puerta y una auxiliar dice "Irene pide que Rosa vaya a ayudarla". Pensé que necesitaría que recorte algunas fotocopias o algo de eso. No terminé de abrir la puerta y escucho: "Rosa, en el pizarrón están las actividades. Pasá por los bancos y fijate que las copien después de la fecha. Yo voy a estar el sala de maestros hasta que los médicos terminen de revisar a estos dos nenes. Si querés después corregiles el cuaderno. Ya vuelvo". Ops... Una hora a cargo de los niñitos. Mientras cuestionaba "cómo podemos hacer para saber cuántos caramelos hay en 6 bolsitas como ésta" banco por banco, detrás mío volaban todo tipo de cosas. Siempre son dos o tres los alborotados pero, quieran o no, desbaratan todo el curso. Así que me puse en bruja y les advertí que si no trabajaban en orden, algunos nenes se íban a quedar en el recreo conmigo y no justamente para jugar con los bloques o los dakis. Pero a Lautaro no le importó y siguió repartiendo sopapos a cuanto nene se le cruzara. Y no alcanzó con ser amable y pedirle por favor que dejara de pegar. Ni tampoco con separarlo del grupo y pedirle que trabajara en el escritorio de Irene. Después de muchos intentos fallidos opté por preguntarle por qué les pegaba a todos: "porque son todos malos", respondió con cierta angustia. ! una mente brillante sin dudas. En ningún libro dice cómo resolver eso, pero mágicamente llegó Vero para salvarme. Entre dos es más fácil; mientras ella ponía orden (intentaba, bah) yo seguía prestando dedos para contar caramelos. Y así hasta que volvió Irene; "¿cómo se portaron?", cuestionó como si la respuesta no fuera obvia. Terminé la jornada leyendo un cuento de Ema Wolf, Nicoleta, muy simpático por cierto. Los mantuvo tranquilos... 5 minutos. "¡Otra vez, otra vez!" y mi voz no daba para mucho más. De todas formas faltaba poco para las 5. La consigna era escuchar el cuento y luego dibujar en el cuaderno; si alguien se animaba podía escribir algo. Por ahí lei "Nicoleta usa antiojos. Y este cuento se acabó". Impecable realmente.
La tercer semana fue más sencilla. Quizá porque al recordar al menos 15 nombres el trato es más ameno, directo y efectivo (afectivo también). Éramos poquitos igual. La lluvia y el frío acobardó a unos cuantos. En la primer hora jugamos a los dados, con la intención de saber mas claramente cómo resuelve cada uno cálculos sencillos. Interesante, pero Merlina no quería saber nada con sumar puntitos; Luana y Celeste le soplaban los resultados mientras yo escribía los puntajes. Más tarde tuvieron que ir a ensayar por el acto del 25 (cosa improductiva si las hay). Versitos como "Vamos al cabildo porque es ocasión de decir felices surge una nación", letras alusivas con ritmo de hip hop y demases. Después la doctora de la salita vino a vacunar a algunos nenes. Era un caos, aunque nadie lloró en el momento. "¡Un aplauso bien fuerte para los valientes que se vacunaron hoy!" pidió la seño antes de salir al recreo, pero los brazos doloridos no podían hacer mucho al respecto. En el patio jugamos a saltar la soga, debíamos despistar el frío. Descubrí que si bien soy la más chica entre mis compañeras, estoy un poco vieja para estas cosas. Ni hablar de jugar al elástico! no recuerdo ninguno de los tantos pasos.
De regreso en el aula Agustina me mostró una ventanita nueva, y dijo que el ratón Pérez le había traído un montón de moneditas de diez centavos y una de un peso. Y yo me acordé que la última vez que el ratoncito vino a casa, dejó también un peso, pero en billete.
"Rosa, ¿me ayudás?", gritaba Anita mientras yo pegoteaba notitas en el cuaderno de comunicados. Tenían actividades para hacer y Vero e Irene estaban ocupadas escribiendo y ensayando los versos para el acto. Entonces, con las manos un tanto pegajosas empezamos a palmear: "za-pa-to, ¿suena como pa-to o como ta-za?". Es más tengofiakis, que noentiendo o nomesale, pero no puedo resistirme. Mucho menos cuando al terminar de silabear todas las palabritas me abrazó fuerte fuerte y me dijo "Ay, Rosi, ¡te quiero un montón!", y ahí el corazón se me estrujó todo todito y ya no podía respirar casi. Por la otra punta del salón, Franco ya había recortado por los bordes, pegado, unido con flechas, escrito todas las palabras y estaba terminando de dibujar un vendedor de velas (para qué? ju nous...).
Tocó el timbre, salimos a formar. El aula quedó llena de papeles. Algunas camperas quedaron olvidadas en el perchero. Traje en mi pañuelo blanco las lágrimas de Celeste; al terminar el día sus ojitos super azules no aguntaron más y se inundaron por el dolor que le provocaban las fakin vacunas. Casi lloro con ella. Thiago me alcanzó mi abrigo y mi cartera. Nos despedimos. En el camino a casa Vero me dijo "podríamos venir cada quince días, mejor... ¿no te parece?". Casi peleo con mi compañera de casi tres años. Nadie dijo que era fácil. Y sí, será agotador y cuatro horas parecen cuatro días, y se extraña el silencio. Pero es lo único que justifica todo el trabajo cada vez más pesado que implica seguir estudiando; y la gratificación que da sentir que todo ese esfuerzo por aprender a enseñar vale la pena es inexplicable. Así que... más allá del cansancio, y la falta de apoyo seguiré con los bichitos silabeadores hasta donde pueda y me dejen, o de última, hasta considere que es mejor volver a trabajar con Dorotea (aunque no lo creo, nono). He dicho.
23.3.06
volver de vacaciones me deja un vacío. y no es solamente porque no voy a ver a charly (un ovejero enorme) cada vez que salga de la panadería que está pegadita al edificio, no. cada viaje significa empezar de nuevo. planificar, proyectar y meditar sobre todo aquello que pasó hasta ahora y lo que vendrá. 10 días de introspección, melancolía y hasta algo de tristeza. me pasaron cosas que no esperaba y algunas no terminaron felizmente, pero sin embargo no las cambiaría. hoy pensaba en todas las veces que creyeron que oculto cosas. tal vez. si preguntaras hoy, hablaría hasta quedarme sin palabras. de veras.
3.3.06
El nenito se fue. Hoy no comparto mi cama. Mi corazón golpeteó raro cuando lo escuché llorar al otro lado del teléfono. "Ro, Copito no quiere comer", me dijo su nueva mamá. "Dale leche tibiesita, pero no mucho porque sino se despierta de madrugada; hacele mimitos en las orejas antes de dormir", recomendé. Sí, ya sabía que este momento iba a llegar, pero bue... no pensé que sería hoy. Me encariño fácil y tres semanas no es poca cosa. Era un bebito, apenas le asomaban los dientes cuando decidí que iba a adoptarlo temporalmente. Le hice una cunita con cositas que Naty tejió hace mucho, le cedí mi monito de peluche para que no durmiera solo, pero lo usó poco porque pronto se dio cuenta que descansar entre las almohadas era mucho más cómodo. En estos días fue aprendiendo a levantar la patita, a subir la escalera, luego a bajarla escalón por escalón para no golpearse (la primera vez fue un aterrizaje forzoso, sin escala), a respetar a Cleo (a ni siquiera acercarse!), a que al viej no se lo debe morder, y menos cuando está en ojotas. A Dalls la convenció, por cansancio nomás; tuve miedo de que lo aplastara, 50 kilos contra 600 gramos es complicado, pero al final se entendieron bien. Lu no lo veia, más de una vez se lo llevó por delante. Le gustaba viajar en trapo de piso mientras Rok trataba de limpiar sus enchastres. Adoraba morder mis zapatillas celestes, aún cuando las tenía puestas, pero su actividad favorita era colgarse de mis jeans, definitivamente. Hoy Matu volvió de vacaciones y vino a conocer y a llevarse a Copis. Se enamoró a primera vista y no es para menos; un pecoso divino, terrible, pero divino.
Sniff... por ahí mañana me cruzo y lo voy a visitar un ratito =)
Sniff... por ahí mañana me cruzo y lo voy a visitar un ratito =)
6.2.06
el calor me pone de muy mal humor. por algo pedí nacer a fines de agosto, un viernes lluvioso. mi tío jorge quería que me llamara vanesa. casi. a veces pienso que lo subestimaron mucho, era un visionario.
uno de mis dos trabajos me desagrada. tres de las once materias que me esperan este año no creo aprobarlas nunca. la semana próxima comienzan los finales. pensé que el 2mil6 me esperaría con más ganas, pero vino con una cuota extra de irresponsabilidad. en cualquier momento aparezco en el veraz. en el segundo cuatrimestre comenzaré a dar clases. irene dijo que juampi no era de demostrar mucho afecto y que le sorprendía que me abrazara mientras yo recortaba cartulinas y que guardara sus cosas en el bolsillo de mi guardapolvo. olvidé decirle que fue mi morocho favorito 2mil5.
uso mucho las palabras zonzo, monono, paparula, infeliz. mis expresiones faciales hablan por mí, y muy bien, por eso casi no pronuncio palabras. me desacostumbré a hablar. en realidad, nunca me gustó. aprendí a escribir a los 6 años, como la mayoría. dejaba cartitas en los rincones, para mamá o para la seño rosana, aunque a mí me gustaba más con x. a veces me rebelaba y escribía en espejo, sólo para diferenciarme, de mí misma.
me enamoro a largo plazo. mínimo 3 años, máximo 7. la primer víctima fue el profesor de música del jardín. siempre me gustaron sus canciones en el piano, pero si mal no recuerdo era rubio. me gustan las voces graves. y si vienen con acento inglés, mejor.
no me gusta ensuciarme. soy desordenada. soy ordenada. mi cama puede pasar días con las sábanas arrugadas. a veces limpio hasta que me duelen los dedos.
me siento sola y eso hoy no me deja dormir.
uno de mis dos trabajos me desagrada. tres de las once materias que me esperan este año no creo aprobarlas nunca. la semana próxima comienzan los finales. pensé que el 2mil6 me esperaría con más ganas, pero vino con una cuota extra de irresponsabilidad. en cualquier momento aparezco en el veraz. en el segundo cuatrimestre comenzaré a dar clases. irene dijo que juampi no era de demostrar mucho afecto y que le sorprendía que me abrazara mientras yo recortaba cartulinas y que guardara sus cosas en el bolsillo de mi guardapolvo. olvidé decirle que fue mi morocho favorito 2mil5.
uso mucho las palabras zonzo, monono, paparula, infeliz. mis expresiones faciales hablan por mí, y muy bien, por eso casi no pronuncio palabras. me desacostumbré a hablar. en realidad, nunca me gustó. aprendí a escribir a los 6 años, como la mayoría. dejaba cartitas en los rincones, para mamá o para la seño rosana, aunque a mí me gustaba más con x. a veces me rebelaba y escribía en espejo, sólo para diferenciarme, de mí misma.
me enamoro a largo plazo. mínimo 3 años, máximo 7. la primer víctima fue el profesor de música del jardín. siempre me gustaron sus canciones en el piano, pero si mal no recuerdo era rubio. me gustan las voces graves. y si vienen con acento inglés, mejor.
no me gusta ensuciarme. soy desordenada. soy ordenada. mi cama puede pasar días con las sábanas arrugadas. a veces limpio hasta que me duelen los dedos.
me siento sola y eso hoy no me deja dormir.
3.1.06
llegué a casa practicamente arrastrándome luego de casi 12 horas de trabajo absurdo y una sensación térmica memorable. me tomé todo el tiempo del mundo para bañarme, le dije a mi sra. madre, "esperenme un ratititito, me despeino y salgo". y así fue, como a la hora crucé la calle con mi vestido de bambula re monono, saludé al de custodia y entré sin golpear. en la mesa, gran variedad de cosas agridulces. y no, no va. para mí, el melón en ensalada de fruta y el jamón crudo en un sanguchito... la compota de manzana sólo cuando me siento mal, nunca sobre el carré de cerdo. pero mi padrino estaba feliz con tantos sabores y colores para combinar, y por ser su primer fin de año de jubilado, se lo merece. me reí mucho. es gracioso ver a 7 personas siguiendo todas esas tradiciones que ya nadie sabe bien para qué son, las 12 pasas de uva (admito que la perrita de susi las disfrutó más que yo), comenzar con el pie derecho, dar vueltas alrededor de una valija (sin comentarios) y los brindis interminables que sólo acumulan cadáveres de vidrio sobre la mesada. "ro, quiero nietos, tenés 12 meses por delante, fijate... ". los mensajitos de texto, los llamados a deshora y las visitas inesperadas no podían faltar.
luego llegaron sergio, su esposa y tooodos los niñitos. sol está en la etapa de ro es mi prima favorita (etapa entre los 8 y 10 años que finaliza cuando se dan cuenta que pasar mucho tiempo conmigo e imitar mis expresiones no tiene sentido) y no se me despega por nada en el mundo. yo la quiero un montón, adoro su pelo lacio y sus pestañas xl, pero no siempre tengo ganas de coser ropita para su nueva muñeca o armar pulseritas con coloridos canutillos.
dani y jonny están en la etapa de cuidas y, como no podía ser de otra forma, me mataron a preguntas que seguramente sergio se ocupó de inculcarles. sandrita está más allá de todo, tiene 12 años pero creo que va a recibirse antes que yo. definitivamente. martín ya no me busca para que le haga mimos en la espalda. y todo esto indica que el 2006 vino cargado de cambios, a los cuales estoy dispuesta a acostumbrarme.
luego llegaron sergio, su esposa y tooodos los niñitos. sol está en la etapa de ro es mi prima favorita (etapa entre los 8 y 10 años que finaliza cuando se dan cuenta que pasar mucho tiempo conmigo e imitar mis expresiones no tiene sentido) y no se me despega por nada en el mundo. yo la quiero un montón, adoro su pelo lacio y sus pestañas xl, pero no siempre tengo ganas de coser ropita para su nueva muñeca o armar pulseritas con coloridos canutillos.
dani y jonny están en la etapa de cuidas y, como no podía ser de otra forma, me mataron a preguntas que seguramente sergio se ocupó de inculcarles. sandrita está más allá de todo, tiene 12 años pero creo que va a recibirse antes que yo. definitivamente. martín ya no me busca para que le haga mimos en la espalda. y todo esto indica que el 2006 vino cargado de cambios, a los cuales estoy dispuesta a acostumbrarme.
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