25.9.07

café en taza xl 8am.
otra vez parecía domingo. otra vez el sol acompañó y enrojeció mi cara. otra vez fue breve.
leandro n. nos miraba de reojo.
las palomas, rojo borgoña, cromañon, los silencios, las pausas, las monedas, y mi guardapolvo, que huele a perfume no mío.
la foto perfecta.

17.9.07

es tiempo de que llegue la primavera. de guardar la ropa gruesa. de cambiar los muebles de lugar. de elegir otros colores. de reorganizar gastos. de renovar las expectativas. de contar otros lunares. y de volver con los niñitos de 2ºB para que me mimen un poco, definitivamente.

14.9.07

"Bueno (dije vagamente), nos vemos". "Otro día arreglamos mejor, prometo descansar antes". Respondí con una sonrisa extraña y un beso en la mejilla, raro, lento, diría... muy pensado. Claro está que en ese momento casi casi le robo otro tipo de beso. Gracias a Dios, o quien sea, mi mente fue más veloz que mis ganas y atiné a salir pronto del auto. Lo saludé con la mano ya desde el interior de mi casa y cerré rapidito la puerta.
Terminé durmiendo al revés, con los pies sobre la almohada, pensando en todo lo que pasó, o no pasó, porque en realidad fue una insólita e improvisada salida de la cual no comprendí la finalidad. Diversión? charla de amigos? ajuste de cuentas? nada de eso... en fin... nada que no haya podido hablarse por teléfono.
Una vez en el auto, música de largas cabelleras al viento sonando nuevamente, comenzó a contarme que trata de salir todo lo posible, que duerme poco, que chocó con su auto hace unos meses, que el auto se lo compró al hermano, que en realidad le gustaba otro, dijo algo más sobre autos y motores, dijo que tenía muchas ganas de manejar y que estaba contento de poder darse el gusto esa noche (hello? yo sigo acá..) preguntó si íbamos bien por el camino. Sonaba un tema de Metallica. Dijo que ese tema le gustaba mucho y subió el volumen. Le indiqué dónde girar. Ya en la puerta de casa, me preguntó si sabía cómo llegar a la Av. Campos; hice una breve reseña.
Tomamos algo, charlamos sobre nuestras banales vidas, nada nuevo, todo incluía ojos cansados y pasos lentos. Mientras me contaba cosas que ya sabía, me descubrí cruzada de piernas, manos juntas y dedos entrelazados, mirando de a ratos la alianza en mi dedo pulgar derecho. Era evidente que no debí salir de casa, mi cuerpo estaba ahí pero no quería socializar de ninguna manera. Las voces alrededor comenzaban a molestarme cuando dijo "Vamos yendo?". Asentí débilmente ante sus ojos grises verdosos teñidos de rojo cansancio.
Salí, cerré con llave. Volví a entrar. Salí nuevamente. Quería convencerme de que temblaba de frío, pero lógicamente había algo más que me inquietaba. Subí al auto y sentí el perfume de siempre, ese que antes solía elogiar. "Te van a llevar puesto" le dije con una sonrisa y ese maldito tono de superada que me sale cuando hablo con él. En el stereo sonaba noséquéniquién, pero me recordaba a esas bandas que solían existir cuando ni siquiera podía escucharlas desde la panza de mi mamá. Baladas y lentos ochentosos, metaleros, de voces agudas y a pura guitarra. Lo había olvidado. "Adónde vamos?" preguntó. Olivos está bueno, cuando tenés idea por dónde parar, conocés algún lugar libre de gente excesivamente estirada y el sueño no te mata. Igual acepté.
Extrañando descubrir nuevas lastimaduras en las manos, contar lunares, disfrutar el café del sábado a la noche, sonó el celular. Desacostumbrada aún al nuevo ringtone atendí el segundo llamado. "Hola, cómo estás? qué hacías? tenés ganas de que vayamos a tomar algo? Hoy me dieron franco y estoy muerto, pero podríamos aprovechar. Si te parece, sino lo dejamos para otro momento. Me doy una ducha y te paso a buscar." Probablemente no hayan sido sus palabras exactas, porque del desconcierto y asombro que tenía, no puedo recordarlas tal cual, pero de todas formas me acerco bastante. No podría olvidar fácil nada que acompañe a esa voz que no escuchaba desde hace ya... tanto tiempo. Eran casi las 21.30 cuando llegó y volvió llamar: "Estoy afuera, casi en la esquina" (y en contramano!).