14.9.07
Salí, cerré con llave. Volví a entrar. Salí nuevamente. Quería convencerme de que temblaba de frío, pero lógicamente había algo más que me inquietaba. Subí al auto y sentí el perfume de siempre, ese que antes solía elogiar. "Te van a llevar puesto" le dije con una sonrisa y ese maldito tono de superada que me sale cuando hablo con él. En el stereo sonaba noséquéniquién, pero me recordaba a esas bandas que solían existir cuando ni siquiera podía escucharlas desde la panza de mi mamá. Baladas y lentos ochentosos, metaleros, de voces agudas y a pura guitarra. Lo había olvidado. "Adónde vamos?" preguntó. Olivos está bueno, cuando tenés idea por dónde parar, conocés algún lugar libre de gente excesivamente estirada y el sueño no te mata. Igual acepté.
Extrañando descubrir nuevas lastimaduras en las manos, contar lunares, disfrutar el café del sábado a la noche, sonó el celular. Desacostumbrada aún al nuevo ringtone atendí el segundo llamado. "Hola, cómo estás? qué hacías? tenés ganas de que vayamos a tomar algo? Hoy me dieron franco y estoy muerto, pero podríamos aprovechar. Si te parece, sino lo dejamos para otro momento. Me doy una ducha y te paso a buscar." Probablemente no hayan sido sus palabras exactas, porque del desconcierto y asombro que tenía, no puedo recordarlas tal cual, pero de todas formas me acerco bastante. No podría olvidar fácil nada que acompañe a esa voz que no escuchaba desde hace ya... tanto tiempo. Eran casi las 21.30 cuando llegó y volvió llamar: "Estoy afuera, casi en la esquina" (y en contramano!).
17.8.07
No quiso contarme nada del jardín. Habló en neutro toda la tarde, casi a los gritos. Lloró hasta el cansancio en la bañera. Mientras se lavaba las manos pegoteadas post picodulce que le regalé al llegar, me miró por el espejo y me dijo:
- Dosi, ¿estás un poquito enojada?
- No...
- ¡Triste!
- ...
Ambas tuvimos un viernes raro.
- Dosi, ¿estás un poquito enojada?
- No...
- ¡Triste!
- ...
Ambas tuvimos un viernes raro.
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