llegó la hora de rotar. con mínimas ganas tuve que dejar a los bichitos canasto y rodearme de otros seres, que rondan los 10 años y en la segunda observación colmaron mi paciencia. el jueves mientras formábamos celes me abrazó (la pierna, porque más alto no llega) y me preguntó con cara de no estar muy convencida por qué me iba "allá", con los otros. le dije a sus ojitos super azules que era algo que debía hacer pero que de todas formas iba a ir a visitarlos un ratito cada jueves. cuarto es lo menos y no hay nada que hacer. la maestra me pasea hace 15 días diciendo que todavía no sabe sobre qué temas puedo dar mis clases, y yo no tengo mucho más tiempo para perder. un tal roberto, promotor de yakult, vino a dar una pseudoclase y explicación sobre lo benefiosos que son los lactobacilos. macanudísimo y hermosa voz, pero qué pérdida de tiempo! estábamos en la biblioteca. primero estuve con los de segundo ciclo y después me infiltré entre los de primero. anita se sentó a upa de la pobre rokita y no paraba de rascarse la cabeza. rok la quiere tanto que se la bancó como una lady (además he descubierto que desarrollé una interesante inmunidad a los caminantes, así que nada importa). en la última hora los de cuarto pidieron permiso a la directora para tener recreación en el patio. las chicas jugaron al quemado, los chicos al fútbol. en los últimos minutos hubo un problema, que terminó en el aula. alguien (todavía no aprendí nombres) agarró del cuello a otro alguien y lo arrinconó contra la pared. entre tanto comenzaron a volar todas las cosas que rok tenía en la bolsa sobre uno de los últimos bancos (cartulinas, carteles y demases), y en cuanto me meto a separarlos recibo un "no me toqués (así, con tilde en la e), no me podés tocar, no sos nadie para tocarme" y casi casi una trompada. clarísima la tenía. es cierto, no debemos tocarlos, aún así se estén matando. la maestra, bien gracias... está acostumbradísima a que pasen estas cosas. la directora, superada, dijo algo de llamar a un juez de menores y no sé qué más. yo, quería llorar. en los apuntes de pedagogía y didáctica no dice nada de ir al colegio con chaleco antibalas debajo del guardapolvo. el nivel de violencia y agresividad era directamente proporcional a mi angustia y sentimiento de impotencia. me dieron ganas de no volver, no puedo ni quiero lidiar con este tipo de conductas. yo era feliz silabeando palabras y prestando dedos para contar. cómo pasé de las frases bonitas a esto en dos semanas? cómo puede ser que cambien tanto en cuatro años? todavía faltan meses para terminar las clases... y mi estadía en cuarto recién empieza.
es hora de té negro+coco+canela y dulces sueños, mientras se pueda.
26.9.06
10.9.06
9.9.06
ayer arrancamos la jornada con el llanto caprichoso de ezequiel. desde que llegó, no paró de decir "pero... rosa.... yo me quiero sentar con gustavo ros!", y después de una hora y media de llanto, de ese que guarda mucha angustia, tuve que explicarle por enésima vez que no siempre se puede hacer lo que uno quiere, que todos los nenes tienen derecho a elegir con quien compartir el banco y que si gustavito hoy eligió otros compañeros, él no tenía por qué llorar de tal forma. y no había caso; además quería irse a su casa, y después quería a su mamá, y yo ya no tenía pañuelo que contuviese tantas lágrimas. hasta que martín lo solucionó de otra manera: "no seas maricón, no podés llorar así, ya no estás en jardín". para peor, irene me había dejado sola. estuvimos tres horas recortando figuritas de diferentes alimentos para pegarlos en la pirámide alimentaria, y el murmullo era constante. luciano y miguel se revolcaban en el piso. matías no paraba de correr alrededor de los bancos. eze no me dejaba mover de su lado. juan cruz repetía mi nombre cada 3 segundos. agustina, rocío y magalí no paraban de cuchichear en el fondo del aula. me acerqué despacito al pizarrón, con mi cara más seria, agarré el borrador y... toc! toc! dos golpecitos secos que dejaron mudos a 22 bichitos canasto por unos... 10 segundos? algo es algo. merlina me observaba y no pudo evitar reirse de la situación. se reía cual ardillita y me contagió el ataque de risa. y pronto las carcajadas se propagaron por todo el aula. y claro, nadie se lo esperaba. pero rokita es así... it's oh so quiet... hasta que zaz!, cuando menos lo esperás te sorprende.
hoy no tuvieron educación física, así que aproveché la primer hora para dar la clase. tema: sarmiento. re original, ya sé, pero así quería irene. se sentaron todos a mi alrededor en almohadones de colores. justo entraron dos maestras y aprovecharon para ponerse al día con los chismes con la seño del grado. proseguí con mi exposición. pegamos un mapa de la república argentina, saqué mis láminas y empecé a preguntarles qué iba a pasar en estos días, por qué el lunes no había clases, por qué ayer me quedé un ratito más decorando el salón de actos (además de porque las maestras se abusan de la buena voluntad de las practicantes, claro), y entre 4 o 5 lograron decirme que se acerca el día del maestro y que no les salía en nombre del fulano en cuestión. al principio no me daban bola. kevin, martín y luciano estaban separados, pero igual hacían barullo. agustina y rocío me decían "seño, agarrá el borrador como ayer, así se callan!". en la mitad de la historia tocó el timbre y salimos al recreo, luego a merendar. al regreso retomamos la clase repasando algunos datos (que magalí recordaba a la perfección) y pudimos finalizar el relato con un poco más de silencio y unos cuantos espectadores más que al principio... creo que al final logré la atención de al menos 15. y yo sin voz, claro. entre que no estoy acostumbrada a hablar, y menos a gritar, estos días están siendo terribles. armamos láminas con las imágenes que pinté anoche y los relatos de los chicos, escritos en lápiz y letra imprenta requete borroneada. algunos todavía no escriben de manera convencional y están "subtitulados" por rok. fue una linda experiencia. ahí quedaron los dibujitos, pegados junto al escenario para que el martes todos vean lo que aprendieron los nenes de 1º B.
la semana próxima vamos a cocinar...
hoy no tuvieron educación física, así que aproveché la primer hora para dar la clase. tema: sarmiento. re original, ya sé, pero así quería irene. se sentaron todos a mi alrededor en almohadones de colores. justo entraron dos maestras y aprovecharon para ponerse al día con los chismes con la seño del grado. proseguí con mi exposición. pegamos un mapa de la república argentina, saqué mis láminas y empecé a preguntarles qué iba a pasar en estos días, por qué el lunes no había clases, por qué ayer me quedé un ratito más decorando el salón de actos (además de porque las maestras se abusan de la buena voluntad de las practicantes, claro), y entre 4 o 5 lograron decirme que se acerca el día del maestro y que no les salía en nombre del fulano en cuestión. al principio no me daban bola. kevin, martín y luciano estaban separados, pero igual hacían barullo. agustina y rocío me decían "seño, agarrá el borrador como ayer, así se callan!". en la mitad de la historia tocó el timbre y salimos al recreo, luego a merendar. al regreso retomamos la clase repasando algunos datos (que magalí recordaba a la perfección) y pudimos finalizar el relato con un poco más de silencio y unos cuantos espectadores más que al principio... creo que al final logré la atención de al menos 15. y yo sin voz, claro. entre que no estoy acostumbrada a hablar, y menos a gritar, estos días están siendo terribles. armamos láminas con las imágenes que pinté anoche y los relatos de los chicos, escritos en lápiz y letra imprenta requete borroneada. algunos todavía no escriben de manera convencional y están "subtitulados" por rok. fue una linda experiencia. ahí quedaron los dibujitos, pegados junto al escenario para que el martes todos vean lo que aprendieron los nenes de 1º B.
la semana próxima vamos a cocinar...
2.9.06
Si pensabas que ya nada podía sorprenderte, es momento de que conozcas a Priscila. Al ver en el pizarrón la fecha del día anterior e intentar averiguar qué debía escribir hoy en el cuaderno, me preguntó mientras me tironeaba del guardapolvo ya no muy blanco:- Rosa, ¿hoy es 32 de agosto?Con lo que me quedaba de voz tras haber dado el día anterior mi primer clase, pasé a explicarle que hoy empezaba un mes nuevo, y por lo tanto teníamos que cambiar de número y de nombre. Daniela se subió a una silla y escribió en el pizarrón con letra imprenta mayúscula " DÍA 1º DE SEPTIEMBRE", inmediatamente pensé "dios! ¿cómo cuernos pasó tan rápido el año?", pareciese que mi vida se quedó allá lejos, en marzo, junto al mar y las latas de conserva.Al rato Anita se puso a llorar. Una de sus dos trencitas se había desarmado, tal vez mientras se quejaba en el recreo de que le dolía la panza de tanto toser. Había perdido una colita verde, la de la trencita derecha. "Rosa, ¿me atás el pelo y me ayudás a buscar la colita?". No paraba de llorar. Recorrimos todos los pasillos. La acompañé a la cocina, donde estaba Matilde... y le dijimos que si al barrer las aulas encontraba una colita verde raro, que por favor la guardara, porque era de Anita. Ana no dejaba de llorar. Así que fuimos al baño y le lavé la cara... pero las lágrimas seguían cayendo. Volvimos al aula, y no quedaba otra, hice la gran dano: la miré fijamente durante un minuto, hasta que por fin me regaló una sonrisa y me dijo "¿qué pasa que me mirás así?", a lo que respondí "tenés unas pestañas re lindas, Anita", y la sonrisa se convirtió en risa. Al final del día me regaló una paloma blanca de goma eva, autografiada, que despegó de su cuaderno de clase y ahora se luce en mi cuaderno de apuntes.
13.8.06
pablo dice que nunca hay que irse sin despedirse. y es cierto, más allá de la cortesía, claro. te das vuelta y sabés que ese "mañana te escribo" o "después hablamos" nunca va a llegar. entonces es mejor decir las cosas en el momento y correr el riesgo de que realmente ese después nunca llegue.
oh, sí.
amé y amén. tal vez demasiado. a más no poder. hasta secarme de lágrimas y brotar de sonrisas. también quise, pero ese es otro libro. miles de veces pensé que el corazón se me haría pedacitos. y creí sentirlo. pero no. querer de verdad implica también poder ser feliz con la felicidad del otro y me va bien con eso, de veras. hay sonrisas y miradas que aunque no las vea me hacen feliz. me tiembla todo el cuerpo. y estoy mezclando las cosas, pero no importa. nervios+frío. frío de sábado por la noche y nervios de disculpas que no sentí necesarias, o sí, pero no oportunas. y también todas esas palabras que nunca entendí. por eso ahora necesito nuevas canciones, preguntas, miradas.
fuck off.
voy hacia una vida austera, minimalista, despojada de todo color que me incomode. significa que no necesito de una voz grave, ni de un café en un bar súper-wachi-wow, ni una salida al lugar más anti-top para sentirme un tanto equilibrada. de hecho, eso tampoco es posible.
lo cierto es que... no soy tan peligrosa como parece. un poco débil nomás.
oh, sí.
amé y amén. tal vez demasiado. a más no poder. hasta secarme de lágrimas y brotar de sonrisas. también quise, pero ese es otro libro. miles de veces pensé que el corazón se me haría pedacitos. y creí sentirlo. pero no. querer de verdad implica también poder ser feliz con la felicidad del otro y me va bien con eso, de veras. hay sonrisas y miradas que aunque no las vea me hacen feliz. me tiembla todo el cuerpo. y estoy mezclando las cosas, pero no importa. nervios+frío. frío de sábado por la noche y nervios de disculpas que no sentí necesarias, o sí, pero no oportunas. y también todas esas palabras que nunca entendí. por eso ahora necesito nuevas canciones, preguntas, miradas.
fuck off.
voy hacia una vida austera, minimalista, despojada de todo color que me incomode. significa que no necesito de una voz grave, ni de un café en un bar súper-wachi-wow, ni una salida al lugar más anti-top para sentirme un tanto equilibrada. de hecho, eso tampoco es posible.
lo cierto es que... no soy tan peligrosa como parece. un poco débil nomás.
21.7.06
no es enojo exactamente. una fusión extraña entre felicidad, bronca y un sentimiento de soledad absurdo. será esto? son ganas de gritar y tanta libertad para hacerlo que se me cierran los ojos. como cuando intento diferenciar una e de una i entre tantos puntos. una bandeja de ideas superfluas de la cual hay que elegir al menos dos o tres para no caer en un exceso. ecos.
21.5.06
Mi primer día de prácticas.
-¡Chicas, miren! ¡¡Es Rosa!!
-¡La maravillosa! (Luna, Marcela y Estefi pispireteaban en la entrada.)
-Mirá, se, me corté el pelo. (Me contaba Juampi, mi morocho favorito '05)
-¡Hola seño!
¿Cómo estás, Juanma?
-Bien, en segundo... (Con cara de "las cuentas de dividir son re difíciles") Chau, me voy a jugar.
Ese fue mi reencuentro en la escuela 17 con algunos de los "bichitos canasto", más altos todos y ya en segundo grado. Al comienzo tuvimos una larga charla con María del Carmen, nos comentó cómo sería este nuevo año en el aula, hablamos de registros y planificaciones, hasta que llegó el momento de pasar a la acción y elegir el curso. Y claro, no podía ser de otra forma: Rok a primero. Wiiiiiiiii otra vez. Veitinueve historias y nombres que aprender, dos caras ya conocidas.
-¡Rosa! ¡Vení, sentate acá porfiii! -Gritaba Rocío desde el fondo del salón.
Enseguida pedí prestados algunos cuadernos para ver en qué estuvieron trabajando. Informada, comencé a recorrer el aula, cuidando de no tropezar con ninguna mochila. Vi volar algunos cuadernos y cartucheras. El primer nombre que aprendí fue "Brandon", imaginarán por qué. "Priscila y Merlina son nombres de princesa", pensé. "Juan Cruz debe ser re inquieto" (bruja!). Gustavo R., Thiago y Anita son los más pegotes y Luciano el más chico. Gustavo M me recuerda a Dano cuando era pequeñito, aunque en realidad lo haya conocido 18 años después.
"¿Van a venir todos los días?" Ojalá pudiera. Igual dos veces a la semana no es poca cosa. ¡Un presupuesto en aspirinas! Vero no tiene tanta paciencia. Yo, un poco más. Es lógico que me gusta que se porten bien, pero no busco un silencio de misa ni que todos estén derechitos, quietos y mirando el pizarrón. Son pequeñitos aún, y no es grato retarlos tanto. Nada que ver con el grupo del año pasado, pero me alienta saber que aprenderé otras cosas.
La semana siguiente estábamos en la hora de reflexión, junto a mis compañeras y la profesora, comentando lo que habíamos visto hasta el momento, cuando se abre la puerta y una auxiliar dice "Irene pide que Rosa vaya a ayudarla". Pensé que necesitaría que recorte algunas fotocopias o algo de eso. No terminé de abrir la puerta y escucho: "Rosa, en el pizarrón están las actividades. Pasá por los bancos y fijate que las copien después de la fecha. Yo voy a estar el sala de maestros hasta que los médicos terminen de revisar a estos dos nenes. Si querés después corregiles el cuaderno. Ya vuelvo". Ops... Una hora a cargo de los niñitos. Mientras cuestionaba "cómo podemos hacer para saber cuántos caramelos hay en 6 bolsitas como ésta" banco por banco, detrás mío volaban todo tipo de cosas. Siempre son dos o tres los alborotados pero, quieran o no, desbaratan todo el curso. Así que me puse en bruja y les advertí que si no trabajaban en orden, algunos nenes se íban a quedar en el recreo conmigo y no justamente para jugar con los bloques o los dakis. Pero a Lautaro no le importó y siguió repartiendo sopapos a cuanto nene se le cruzara. Y no alcanzó con ser amable y pedirle por favor que dejara de pegar. Ni tampoco con separarlo del grupo y pedirle que trabajara en el escritorio de Irene. Después de muchos intentos fallidos opté por preguntarle por qué les pegaba a todos: "porque son todos malos", respondió con cierta angustia. ! una mente brillante sin dudas. En ningún libro dice cómo resolver eso, pero mágicamente llegó Vero para salvarme. Entre dos es más fácil; mientras ella ponía orden (intentaba, bah) yo seguía prestando dedos para contar caramelos. Y así hasta que volvió Irene; "¿cómo se portaron?", cuestionó como si la respuesta no fuera obvia. Terminé la jornada leyendo un cuento de Ema Wolf, Nicoleta, muy simpático por cierto. Los mantuvo tranquilos... 5 minutos. "¡Otra vez, otra vez!" y mi voz no daba para mucho más. De todas formas faltaba poco para las 5. La consigna era escuchar el cuento y luego dibujar en el cuaderno; si alguien se animaba podía escribir algo. Por ahí lei "Nicoleta usa antiojos. Y este cuento se acabó". Impecable realmente.
La tercer semana fue más sencilla. Quizá porque al recordar al menos 15 nombres el trato es más ameno, directo y efectivo (afectivo también). Éramos poquitos igual. La lluvia y el frío acobardó a unos cuantos. En la primer hora jugamos a los dados, con la intención de saber mas claramente cómo resuelve cada uno cálculos sencillos. Interesante, pero Merlina no quería saber nada con sumar puntitos; Luana y Celeste le soplaban los resultados mientras yo escribía los puntajes. Más tarde tuvieron que ir a ensayar por el acto del 25 (cosa improductiva si las hay). Versitos como "Vamos al cabildo porque es ocasión de decir felices surge una nación", letras alusivas con ritmo de hip hop y demases. Después la doctora de la salita vino a vacunar a algunos nenes. Era un caos, aunque nadie lloró en el momento. "¡Un aplauso bien fuerte para los valientes que se vacunaron hoy!" pidió la seño antes de salir al recreo, pero los brazos doloridos no podían hacer mucho al respecto. En el patio jugamos a saltar la soga, debíamos despistar el frío. Descubrí que si bien soy la más chica entre mis compañeras, estoy un poco vieja para estas cosas. Ni hablar de jugar al elástico! no recuerdo ninguno de los tantos pasos.
De regreso en el aula Agustina me mostró una ventanita nueva, y dijo que el ratón Pérez le había traído un montón de moneditas de diez centavos y una de un peso. Y yo me acordé que la última vez que el ratoncito vino a casa, dejó también un peso, pero en billete.
"Rosa, ¿me ayudás?", gritaba Anita mientras yo pegoteaba notitas en el cuaderno de comunicados. Tenían actividades para hacer y Vero e Irene estaban ocupadas escribiendo y ensayando los versos para el acto. Entonces, con las manos un tanto pegajosas empezamos a palmear: "za-pa-to, ¿suena como pa-to o como ta-za?". Es más tengofiakis, que noentiendo o nomesale, pero no puedo resistirme. Mucho menos cuando al terminar de silabear todas las palabritas me abrazó fuerte fuerte y me dijo "Ay, Rosi, ¡te quiero un montón!", y ahí el corazón se me estrujó todo todito y ya no podía respirar casi. Por la otra punta del salón, Franco ya había recortado por los bordes, pegado, unido con flechas, escrito todas las palabras y estaba terminando de dibujar un vendedor de velas (para qué? ju nous...).
Tocó el timbre, salimos a formar. El aula quedó llena de papeles. Algunas camperas quedaron olvidadas en el perchero. Traje en mi pañuelo blanco las lágrimas de Celeste; al terminar el día sus ojitos super azules no aguntaron más y se inundaron por el dolor que le provocaban las fakin vacunas. Casi lloro con ella. Thiago me alcanzó mi abrigo y mi cartera. Nos despedimos. En el camino a casa Vero me dijo "podríamos venir cada quince días, mejor... ¿no te parece?". Casi peleo con mi compañera de casi tres años. Nadie dijo que era fácil. Y sí, será agotador y cuatro horas parecen cuatro días, y se extraña el silencio. Pero es lo único que justifica todo el trabajo cada vez más pesado que implica seguir estudiando; y la gratificación que da sentir que todo ese esfuerzo por aprender a enseñar vale la pena es inexplicable. Así que... más allá del cansancio, y la falta de apoyo seguiré con los bichitos silabeadores hasta donde pueda y me dejen, o de última, hasta considere que es mejor volver a trabajar con Dorotea (aunque no lo creo, nono). He dicho.
-¡Chicas, miren! ¡¡Es Rosa!!
-¡La maravillosa! (Luna, Marcela y Estefi pispireteaban en la entrada.)
-Mirá, se, me corté el pelo. (Me contaba Juampi, mi morocho favorito '05)
-¡Hola seño!
¿Cómo estás, Juanma?
-Bien, en segundo... (Con cara de "las cuentas de dividir son re difíciles") Chau, me voy a jugar.
Ese fue mi reencuentro en la escuela 17 con algunos de los "bichitos canasto", más altos todos y ya en segundo grado. Al comienzo tuvimos una larga charla con María del Carmen, nos comentó cómo sería este nuevo año en el aula, hablamos de registros y planificaciones, hasta que llegó el momento de pasar a la acción y elegir el curso. Y claro, no podía ser de otra forma: Rok a primero. Wiiiiiiiii otra vez. Veitinueve historias y nombres que aprender, dos caras ya conocidas.
-¡Rosa! ¡Vení, sentate acá porfiii! -Gritaba Rocío desde el fondo del salón.
Enseguida pedí prestados algunos cuadernos para ver en qué estuvieron trabajando. Informada, comencé a recorrer el aula, cuidando de no tropezar con ninguna mochila. Vi volar algunos cuadernos y cartucheras. El primer nombre que aprendí fue "Brandon", imaginarán por qué. "Priscila y Merlina son nombres de princesa", pensé. "Juan Cruz debe ser re inquieto" (bruja!). Gustavo R., Thiago y Anita son los más pegotes y Luciano el más chico. Gustavo M me recuerda a Dano cuando era pequeñito, aunque en realidad lo haya conocido 18 años después.
"¿Van a venir todos los días?" Ojalá pudiera. Igual dos veces a la semana no es poca cosa. ¡Un presupuesto en aspirinas! Vero no tiene tanta paciencia. Yo, un poco más. Es lógico que me gusta que se porten bien, pero no busco un silencio de misa ni que todos estén derechitos, quietos y mirando el pizarrón. Son pequeñitos aún, y no es grato retarlos tanto. Nada que ver con el grupo del año pasado, pero me alienta saber que aprenderé otras cosas.
La semana siguiente estábamos en la hora de reflexión, junto a mis compañeras y la profesora, comentando lo que habíamos visto hasta el momento, cuando se abre la puerta y una auxiliar dice "Irene pide que Rosa vaya a ayudarla". Pensé que necesitaría que recorte algunas fotocopias o algo de eso. No terminé de abrir la puerta y escucho: "Rosa, en el pizarrón están las actividades. Pasá por los bancos y fijate que las copien después de la fecha. Yo voy a estar el sala de maestros hasta que los médicos terminen de revisar a estos dos nenes. Si querés después corregiles el cuaderno. Ya vuelvo". Ops... Una hora a cargo de los niñitos. Mientras cuestionaba "cómo podemos hacer para saber cuántos caramelos hay en 6 bolsitas como ésta" banco por banco, detrás mío volaban todo tipo de cosas. Siempre son dos o tres los alborotados pero, quieran o no, desbaratan todo el curso. Así que me puse en bruja y les advertí que si no trabajaban en orden, algunos nenes se íban a quedar en el recreo conmigo y no justamente para jugar con los bloques o los dakis. Pero a Lautaro no le importó y siguió repartiendo sopapos a cuanto nene se le cruzara. Y no alcanzó con ser amable y pedirle por favor que dejara de pegar. Ni tampoco con separarlo del grupo y pedirle que trabajara en el escritorio de Irene. Después de muchos intentos fallidos opté por preguntarle por qué les pegaba a todos: "porque son todos malos", respondió con cierta angustia. ! una mente brillante sin dudas. En ningún libro dice cómo resolver eso, pero mágicamente llegó Vero para salvarme. Entre dos es más fácil; mientras ella ponía orden (intentaba, bah) yo seguía prestando dedos para contar caramelos. Y así hasta que volvió Irene; "¿cómo se portaron?", cuestionó como si la respuesta no fuera obvia. Terminé la jornada leyendo un cuento de Ema Wolf, Nicoleta, muy simpático por cierto. Los mantuvo tranquilos... 5 minutos. "¡Otra vez, otra vez!" y mi voz no daba para mucho más. De todas formas faltaba poco para las 5. La consigna era escuchar el cuento y luego dibujar en el cuaderno; si alguien se animaba podía escribir algo. Por ahí lei "Nicoleta usa antiojos. Y este cuento se acabó". Impecable realmente.
La tercer semana fue más sencilla. Quizá porque al recordar al menos 15 nombres el trato es más ameno, directo y efectivo (afectivo también). Éramos poquitos igual. La lluvia y el frío acobardó a unos cuantos. En la primer hora jugamos a los dados, con la intención de saber mas claramente cómo resuelve cada uno cálculos sencillos. Interesante, pero Merlina no quería saber nada con sumar puntitos; Luana y Celeste le soplaban los resultados mientras yo escribía los puntajes. Más tarde tuvieron que ir a ensayar por el acto del 25 (cosa improductiva si las hay). Versitos como "Vamos al cabildo porque es ocasión de decir felices surge una nación", letras alusivas con ritmo de hip hop y demases. Después la doctora de la salita vino a vacunar a algunos nenes. Era un caos, aunque nadie lloró en el momento. "¡Un aplauso bien fuerte para los valientes que se vacunaron hoy!" pidió la seño antes de salir al recreo, pero los brazos doloridos no podían hacer mucho al respecto. En el patio jugamos a saltar la soga, debíamos despistar el frío. Descubrí que si bien soy la más chica entre mis compañeras, estoy un poco vieja para estas cosas. Ni hablar de jugar al elástico! no recuerdo ninguno de los tantos pasos.
De regreso en el aula Agustina me mostró una ventanita nueva, y dijo que el ratón Pérez le había traído un montón de moneditas de diez centavos y una de un peso. Y yo me acordé que la última vez que el ratoncito vino a casa, dejó también un peso, pero en billete.
"Rosa, ¿me ayudás?", gritaba Anita mientras yo pegoteaba notitas en el cuaderno de comunicados. Tenían actividades para hacer y Vero e Irene estaban ocupadas escribiendo y ensayando los versos para el acto. Entonces, con las manos un tanto pegajosas empezamos a palmear: "za-pa-to, ¿suena como pa-to o como ta-za?". Es más tengofiakis, que noentiendo o nomesale, pero no puedo resistirme. Mucho menos cuando al terminar de silabear todas las palabritas me abrazó fuerte fuerte y me dijo "Ay, Rosi, ¡te quiero un montón!", y ahí el corazón se me estrujó todo todito y ya no podía respirar casi. Por la otra punta del salón, Franco ya había recortado por los bordes, pegado, unido con flechas, escrito todas las palabras y estaba terminando de dibujar un vendedor de velas (para qué? ju nous...).
Tocó el timbre, salimos a formar. El aula quedó llena de papeles. Algunas camperas quedaron olvidadas en el perchero. Traje en mi pañuelo blanco las lágrimas de Celeste; al terminar el día sus ojitos super azules no aguntaron más y se inundaron por el dolor que le provocaban las fakin vacunas. Casi lloro con ella. Thiago me alcanzó mi abrigo y mi cartera. Nos despedimos. En el camino a casa Vero me dijo "podríamos venir cada quince días, mejor... ¿no te parece?". Casi peleo con mi compañera de casi tres años. Nadie dijo que era fácil. Y sí, será agotador y cuatro horas parecen cuatro días, y se extraña el silencio. Pero es lo único que justifica todo el trabajo cada vez más pesado que implica seguir estudiando; y la gratificación que da sentir que todo ese esfuerzo por aprender a enseñar vale la pena es inexplicable. Así que... más allá del cansancio, y la falta de apoyo seguiré con los bichitos silabeadores hasta donde pueda y me dejen, o de última, hasta considere que es mejor volver a trabajar con Dorotea (aunque no lo creo, nono). He dicho.
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